S.P.Q.R.

Fotos de vestigios de la Antigua Roma, tomadas en distintos lugares (ciudades, yacimientos arqueológicos, museos, etc.). También información sobre lo que se viene publicando al respecto.

martes, 6 de octubre de 2026

Todos los caminos no llevaban a Roma en la antigüedad

 


Artículo de Darío Menor, publicado en el diario “El Correo” el 30 de setiembre de 2026.

“A pesar de lo que dice el tópico, en la antigüedad todos los caminos no llevaban a Roma. De hecho, la Ciudad Eterna ni siquiera era la urbe mejor conectada del Imperio Romano; ese honor le correspondía a Bizancio, la actual Estambul. Esa es la conclusión más sorprendente del reciente estudio realizado por un grupo internacional de expertos que ha analizado los alrededor de 300.000 kilómetros por los que se extendía la red de calzadas romanas, suficientes para darle siete veces y media la vuelta al planeta por el ecuador. Otro mito con el que acaba la investigación, publicada por la revista científica 'Nature Communications', es el de que las carreteras que utilizaban los antiguos legionarios eran casi siempre rectas. Lo cierto es que, al igual que en la actualidad, a los responsables de las obras les tocaba llegar a un compromiso entre la orografía, el presupuesto y el interés de los gobernantes por cada calzada, por lo que en muchos lugares abundaban las curvas y los desniveles.

«Las calzadas romanas se fueron construyendo poco a poco, conforme se iban conquistando las nuevas provincias. No se trata de una red que se diseñara en un único momento, sino a lo largo de los siglos. Por eso todos los caminos no llevaban a Roma, aunque sí se podía llegar a Roma desde cualquier lugar del imperio», explica Pau de Soto, profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona y uno de los autores del estudio. Esta investigación nace de la labor previa con la que los expertos consiguieron crear el mayor y más detallado 'mapa de carreteras' del Imperio Romano conocido hasta la fecha. «Primero estuvimos recopilando todos los datos que había y que estaban muy fragmentados. Fuimos así juntando las piezas de un rompecabezas para al final ver la imagen de toda la red de casi 300.000 kilómetros de vías romanas», cuenta De Soto. Esta información, que puede ser consultada libremente en una página web (itiner-e.org), es la que les ha permitido desgranar ahora la madeja que formaban las calzadas de hace dos milenios.

Entre las «sorpresas» que han encontrado destaca el hecho de que Bizancio fuera la urbe mejor enlazada con la red de calzadas, entre las que había una gran diversidad en sus formas y construcción. «Se debe a que estaba en un lugar muy estratégico desde el que se controlaban todas las rutas que iban de Europa hacia África y Oriente. Por eso fue tan importante y acabó convirtiéndose en una de las capitales del imperio, conociéndose entonces como Constantinopla. Roma era el centro del poder, pero no estaba en el centro de la red de comunicaciones, donde sí estaba Bizancio, que gracias a esa posición tan privilegiada acabó convirtiéndose igualmente en un centro de gobierno».

Otra de las «paradojas» descubiertas gracias al estudio es que Mérida contaba entonces con una mejor red de comunicaciones que en la actualidad. «Era la capital de la Lusitania, por lo que estaba muy bien conectada. A los extremeños les iba mejor hace dos milenios que en nuestros tiempos», cuenta con sorna el profesor De Soto, que explica el motivo que llevaba a los romanos a construir solo algunas calzadas rectas, a diferencia de como se creía popularmente. «Dependía del interés político y del presupuesto. En los Alpes, por ejemplo, los romanos tenían un gran interés en que las vías fueran rectas y con las menores curvas posibles, por lo que no escatimaron en cavar túneles, levantar puentes o hacer lo que fuera necesario. Eran clave para comunicar la Península Itálica con las otras provincias. Pero en regiones más periféricas, como en el Sistema Cantábrico o en el Atlas, el interés era menor y por eso los caminos tenían mucha más pendiente».

Las antiguas calzadas romanas, que marcaron un trazado seguido hoy en parte por muchas de las grandes vías de comunicación en todo el Mediterráneo, se construyeron en principio con un «objetivo militar», pero acabaron siendo las arterias de aquella civilización a la que tanto debemos hoy en día. «Ninguna sociedad ha hecho lo que hicieron los romanos. Comunicaron tres continentes distintos consiguiendo conectar todas las regiones que dominaban», concluye el experto de la Universidad Autónoma de Barcelona.”


Al hilo de esta información recomiendo el siguiente libro que compre en mi última visita al m+Museo Arqueológico Nacional, en Madrid;



domingo, 30 de agosto de 2026

Madrid romana

 

                                                               Museo de San Isidro


En mi última visita a Madrid, este verano, he descubierto este interesante museo, sobre los orígenes de Madrid. En él he descubierto vestigios romanos en la misma capital


Este mosaico me ha llamado particularmente la atención ya que fue encontrado en el siglo XIX en...Carabanchel.



Ases romanos encontrados envontrados en una Villa Romana en Villaverde,



Cabeza del dios Silvano, encontrado en la misma Villa.


Una campanilla de época romana encontrado en Vicálvaro,

Estas son algunas de las piezas que se pueden admirar en este pequeño pero encantador Museo, desconocido para muvhos visitantes,

lunes, 3 de febrero de 2025

El Museo de la Prehistoria de Valencia

Representación del joven Baco (pieza encontrada en Aldaia)


En mi última visita a la ciudad de Valencia he descubierto en el Museo de la Prehistoria de esa ciudad, un apartado muy interesante dedicado a la Hispania Romana. Me ha gustado especialmente ya que además de tener unas piezas muy interesantes, porque está planteado como algo divulgativo (como debería ser en todos los museos) y es perfecto para aquellas personas que están introduciéndose en la historia de Roma antigua en nuestro país.


En unos cajones hay una buena representación de los distintos tipos de mosaicos usados por los romanos para adornar sus casas:




Igualmente hay una buena representación de monedas romanas emitidas en la zona:






Tambien hay una buena muestra de objetos cotidianos de la época:









Estos son algunas de las cosas expuestas en el Museo y que merecen la pena ser vistas.



En resumen, esta es una visita recomendable para los que nos gusta ver y apreciar la huella romana dejada en nuestro país.


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Como siempre si quereis ver la fotos ampliadas, sólo teneis que pincharlas.

sábado, 14 de diciembre de 2024

El tiempo no pasa por Marcial, el poeta que retrató la vida en la antigua Roma



Artículo de Rosario Moreno Soldevila (Universidad Pablo Olavide) publicado en “The Conversation” el 10 de julio de 2024.

“En un capítulo de la serie El Ministerio del Tiempo, Federico García Lorca viaja a finales del siglo XX y escucha sus versos cantados por Camarón. “¿Tanto tiempo después España se acuerda de mí?”, pregunta el poeta, emocionado. En otro capítulo, los funcionarios del Ministerio traen a Miguel de Cervantes al siglo XXI y le muestran la vigencia de su obra.

Aunque los artistas puedan intuir la trascendencia de sus escritos, la amenaza del olvido se cierne pareja a la muerte.

Leyendo el cómic El infinito en un junco, adaptación del ensayo homónimo de Irene Vallejo con ilustraciones de Tyto Alba, me he reencontrado entre sus páginas con uno de mis poetas favoritos de la Antigüedad: Marcial, famoso por sus epigramas.

Y me he preguntado: ¿qué cara pondría Marcial si, cruzando una puerta del tiempo, se viera dibujado como personaje en un libro escrito casi dos milenios después? Sonrío al imaginarlo. Él también podría decir, como hace el poeta granadino y universal en la ficción televisiva, “He ganado yo”.

Marco Valerio Marcial fue un poeta romano del siglo I. Nacido en Hispania, cerca de la actual Calatayud (Zaragoza), y educado en la Tarraconense, buscó fortuna en la capital del Imperio romano. Allí vivió durante más de tres décadas, rodeado de las grandes figuras literarias del momento, cultivando un género menor que él hizo grande: el epigrama.

En los mil quinientos poemas que conservamos recogió infinitos detalles de la vida en Roma, desde sus monumentos y grandeza a sus penurias y miserias. Cuando comenzó el gobierno del emperador Trajano, en torno al año 98, retornó a su ciudad natal, Bílbilis Augusta, donde escribió sus últimos versos y terminó sus días.

Marcial merece sin duda aparecer en un libro sobre libros. Fue consciente de la escasa entidad de la literatura que practicaba. El epigrama es lo mínimo que se despacha en poesía. Por eso, dedicó todos sus esfuerzos a un empeño original: una gran obra formada por poemas breves. Igual que los mosaicos que admiramos en museos y yacimientos los forman pequeñas teselas, los libros de Marcial se componen también de minúsculas y variadas piezas que unidas cobran sentido estético y monumentalidad.

Sus epigramas, además, abren la puerta al fascinante mundo del libro antiguo. En la poesía de Marcial atisbamos los inicios de una de las grandes revoluciones culturales de la historia: el paso del rollo de papiro al códice de pergamino. Y a pesar de los avances tecnológicos, ahí sigue Marcial, de nuevo inmortalizado en un artefacto que ha sobrevivido al paso de los siglos.

Marcial es vanguardista, un experimentador exquisito, pero escribe sobre la gente y para la gente, como indica en la famosa frase “a ser humano sabe nuestro libro” (X 4.10), según nuestra traducción para Akal. Ya no nos reconocemos, por fortuna, en esos romanos antiguos, “brutales, imperialistas y misóginos”, como dice la historiadora clásica británica Mary Beard. Muchos aspectos de esa cultura que permean su literatura nos repelen. Sin embargo, a pesar del tiempo transcurrido, podemos seguir dialogando con Marcial.

Nos guía por la Roma imperial, que no es una ciudad de postal, sino una urbe cambiante, viva y sucia, siempre en obras, como las ciudades modernas. Pone ante nosotros un espejo que devuelve nuestro propio reflejo: apariencias vanas, brutales desigualdades económicas y humanidades orilladas en favor del lucro. Al padre preocupado por la educación de su hijo le recomienda con sorna que no estudie letras (¿nos suena?):

A qué maestro encomendar a tu hijo, Lupo,

me consultas y preguntas preocupado hace tiempo.

Te aconsejo que evites a todos los maestros

de gramática y retórica: que no tenga contacto

con los libros de Cicerón o de Marón.

Que abandone a Tutilio a su fama;

si escribe versos, deshereda al poeta.

¿Quieres conocer los oficios lucrativos?

Haz que aprenda a ser citarista o flautista,

y si te parece un niño duro de mollera,

hazlo pregonero o constructor (V 56).

Critica todos los vicios, no deja títere con cabeza, y puede resultar tremendamente crudo, especialmente en los epigramas de contenido sexual. En ellos señala cualquier comportamiento que se sale de la norma moral romana. Recurre al disfemismo, pero también a la insinuación:

De nadie hablas, a nadie criticas, Apicio:

circula, sin embargo, el rumor de que tienes mala lengua (III 80).

La atracción de lo prohibido

A lo largo de la historia, sus epigramas más escabrosos han sufrido la censura. Recibió las críticas de algunos de sus contemporáneos, como se ve cuando Marcial responde a un tal Cornelio, que se se queja de que sus poemas no pueden leerse en las escuelas (I 35). El poeta defiende la naturaleza procaz de su poesía y pide al censor que no castre sus libros.

En la Edad Media algunos copistas sustituyeron las palabras malsonantes, dando al traste con el sentido. Lo curioso es que fueron minoría: la mayoría de los monjes que copiaron a Marcial en el Medievo respetaron sus palabras, hasta las más impúdicas.

Ya en el siglo XVI los jesuitas lo incluyeron en su plan de estudios y no les faltaba razón: aprender latín con los epigramas es muy fácil, divertido y estimulante. ¡Pero cómo iban a admitir epigramas “obscenos” entre los materiales de estudio! Expurgaron entonces a Marcial, omitiendo esos epigramas para ellos nada edificantes. Sin embargo, no hay mejor acicate para la lectura que la prohibición. Esos poemas censurados se convirtieron en los más codiciados por los estudiantes.

La censura no es solo cosa del pasado: la edición de Marcial de 1919 en la Loeb Classical Library, una reputada colección bilingüe de textos clásicos, traducía los pasajes licenciosos no al inglés, ¡sino al italiano! Y la autocensura tampoco ha faltado en las traducciones a otras lenguas modernas, incluida la nuestra, hasta décadas muy recientes.

Aun así, los lectores de todas las épocas hemos sido como aquella mujer a la que Marcial dedica el poema III 68. Le advierte que debe dejar de leer porque partir de ese momento el libro, por su contenido sexual, no es apto para señoras biempensantes. Ella, que ya empezaba a cansarse de tanto epigrama, retoma la lectura con más entusiasmo. El poeta concluye, socarrón:

Si es que te conozco, dejabas ya aburrida el largo

librito: ahora lo leerás de cabo a rabo, curiosa. (III 68.11-12)

En uno de sus últimos poemas escritos en Roma, la propia ciudad personificada toma la palabra. Las estatuas y monumentos sufren el paso del tiempo, dice Roma, pero la literatura no. Gana con los siglos: los libros son los únicos monumentos que no conocen la muerte (X 2).

En ese mismo libro, Marcial dedica unos versos elogiosos a Plinio el Joven (X 20). Poco tiempo después, a la muerte de Marcial, Plinio cita algunos de ellos en una carta obituario (III 21). Entristecido por su fallecimiento, reconoce su ingenio y agudeza. Al final de la carta sentencia: “los poemas que escribió no serán eternos; no lo serán tal vez, pero él los escribió como si fueran a serlo”.

Plinio no alcanzó a imaginar que esos humildes epigramas seguirían leyéndose y disfrutándose casi veinte siglos después, lo que quizás no equivale a la eternidad, pero se le parece bastante.”

 


domingo, 15 de septiembre de 2024

Hallan una columna romana de 3 metros y dos hachas de las legiones en una villa de Granada

 


Artículo de R. Balbás publicado en el periódico “El Español” el pasado 24 de agosto de 2024.

“Las últimas excavaciones realizadas en la fastuosa villa romana de Salar, en el Poniente de Granada, han desenterrado una gran columna con fuste completo que ha sido datada en el siglo IV d.C. y alcanza casi tres metros de alto. Fue descubierta durante la investigación del muro sur del patio de la villa. Este no es el único hallazgo con el que el equipo de la Universidad de Granada clausura su campaña de este año. 

Entre los restos monumentales y la citada columna destacan dos hachas, una de las cuales pertenecía al estilo dolabra, utilizada en la panoplia de las legiones en el ocaso de Roma, entre los siglos V y VI d.C. Julio Román, arqueólogo de la Universidad de Granada y director de los trabajos de excavación ha explicado que este año se han centrado en una esquina del yacimiento como paso previo a la construcción de un espacio para mejorarlas visitas. Esta puesta en valor y divulgación del patrimonio estudiado en la villa interrumpirá las excavaciones en los próximos dos años.



En esta esquina del yacimiento ya se habían documentado las ruinas de un edificio monumental de época bajo imperial que contó con una torre central y en el que ya aparecieron capiteles decorados, basas y fustes de columnas. Todos estos hallazgos confirmarían que esta villa granadina no solo tenía un uso residencial.

En este periodo, estas grandes domus dirigidas por ricos e importantes personajes, comenzaron a tomar una gran importancia económica y social. En no pocos casos, los grandes terratenientes se organizaron e incluso reclutaron milicias privadas. Es decir, los dueños de Salar estarían dentro de esta dinámica de acumulación de poder que más tarde germinaría en los señoríos feudales de la Edad Media.

Fundada a principios del siglo I d.C., en época alto imperial, la villa fue remodelada y monumentalizada en el primer tercio del siglo IV y, finalmente, abandonada durante en el siglo VI. Por lo tanto, el yacimiento abarca una amplia cronología del Imperio romano y se posiciona como un importante testimonio material de la evolución histórica del lugar.



Además, constituye un ejemplo casi inmejorable para conocer el ámbito rural hispano gracias a la conservación de sus lujosos mosaicos, pinturas murales, columnas y estatuas de Venus y esculturas femeninas documentadas hasta el siglo VI d.C.

En estos momentos, el Imperio romano de Occidente estaba acosado por los bárbaros que habían forzado el limes del Rin y el Danubio. Vándalos, suevos y alanos se dispersaron por Hispania. No tardarían en unirse los visigodos. El poder central de los gobernadores de provincias se atomizó y la ciudad que fundó Rómulo no tardaría en caer.

Con motivo del final de la novena campaña de excavación del lugar, se celebrarán este viernes toda una serie de conferencias y demás actividades socioculturales en el centro de interpretación de la villa de Salar.

El siguiente paso, explica Román pasa por musealizar este yacimiento único, del que solo se ha excavado cerca del 10% de su pars urbana, ampliar su centro de interpretación y las salas destinadas a espacios de trabajo, laboratorios y demás talleres.

El Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía acordó en mayo de 2021 inscribir en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz como Bien de Interés Cultural con la tipología de Zona Arqueológica, la Villa romana de Salar, en el Poniente de Granada, una de las más importantes y singulares villas romanas documentadas, y las Venus allí aparecidas.”

martes, 20 de agosto de 2024

¿Qué ocurrió con la mitad perdida del Coliseo? El motivo por el que falta una parte de este monumento



Artículo de Noelia Gömez pubñicado en el periódico “El Español” el 7 de agosto de 2024.

“El Coliseo de Roma, también conocido como el Anfiteatro Flavio, es uno de los monumentos más emblemáticos y mejor conservados de la antigua Roma. De hecho, es probablemente uno de los monumentos más famosos que se conservan de todo el Imperio romano.

Sin embargo, uno de los aspectos que más pueden llamar la atención del Coliseo de Roma es que le falta prácticamente la mitad de su estructura. Sin embargo, pocos conocen el motivo.

Cabe destacar que el Coliseo de Roma ha perdido una parte significativa de su estructura original debido a una combinación de factores históricos y naturales que han afectado su integridad a lo largo de los siglos.

El Coliseo de Roma es un anfiteatro que está ubicado en el este del Foro romano, y que destaca por haber sido el más grande de los que se construyeron en el Imperio romano.

Este monumento fue conocido originalmente como Anfiteatro Flavio (Amphitheatrum Flavium). Sin embargo, posteriormente, pasa a ser llamado Coliseo (Colosseum) debido a que su lado había una gran estatua, el Coloso de Nerón, un monumento dedicado al emperador Nerón que no ha llegado a pervivir hasta nuestros días.

Al igual que ocurrió con la estatua a Nerón, hay muchas otras partes del Coliseo de Roma que no han llegado hasta nuestros días por diferentes motivos. De hecho, la estructura de este anfiteatro se vio reducida a la mitad si se compara con su forma original.

El Coliseo fue iniciado por el emperador Vespasiano en el año 70 d.C. y completado en el 80 d.C. por su hijo Tito. Fue construido en el sitio de un lago artificial que formaba parte del lujoso palacio de Nerón, conocido como la Domus Aurea. Sin embargo, tras la caída del Imperio romano, esta edificación fue cayendo en el desuso.

En cuanto a los factores que provocaron la destrucción parcial del Anfiteatro de Flavio, en primer lugar, hay que tener en cuenta que fueron varios terremotos los que a lo largo de los siglos causaron daños estructurales significativos al Coliseo. Concretamente, fue el terremoto de 1349 el que provocó una gran destrucción del Coliseo, así como la pérdida del muro exterior.

Además, durante la Edad Media y el Renacimiento, muchas de las piedras del Coliseo fueron saqueadas y reutilizadas para la construcción de otros edificios en Roma. Por ejemplo, el mármol de la fachada y de los interiores fue extraído para ser utilizado en la construcción de iglesias y palacios.

También hay que tener en cuenta que, como se ha mencionado anteriormente, tras la caída del Imperio romano, el Coliseo dejó de ser utilizado para sus funciones originales y cayó en desuso. Durante siglos, el anfiteatro fue abandonado, y su deterioro se aceleró debido a la falta de mantenimiento.

De hecho, durante mucho tiempo el Coliseo también fue usado como cantera de materiales. Grandes bloques de distintos materiales fueron extraídos y utilizados en otros proyectos de construcción importantes en Roma. Igualmente, también fue usado como vertedero.

Hoy en día, el Coliseo es objeto de continuos esfuerzos de conservación con el objetivo de preservar su estructura y mantenerlo como un símbolo icónico de la historia romana. De hecho, a pesar de que no se conserva en su estado original, sigue siendo una de las principales atracciones turísticas de Roma (y del mundo), así como un monumento de gran importancia histórica y cultural."

 


miércoles, 14 de agosto de 2024

Estos son los circos romanos de Hispania: cuantos hay y donde se encuentran

Artículo de David Barreira publicado por el diario “El Español” el 18 de julio de 2024.

 

Vista del circo de Mérida

“La historia de los espectáculos celebrados en la Hispania romana, y en concreto de los ludi circenses, las populares carreras de carros, ha sufrido un importante terremoto arqueológico en menos de un año. Las últimas tecnologías de teledetección han permitido identificar dos nuevos circos. El primero de ellos, en Itálica (Santiponce, Sevilla), cuna de los emperadores Trajano y Adriano, habría tenido capacidad para unos 80.000 espectadores y unas dimensiones espectaculares: 532 metros de longitud máxima y una anchura de entre 140-155 metros en los carceres, una especie de cajones desde donde arrancaban las competiciones.

Esta semana se ha anunciado el descubrimiento de otro circo romano en el yacimiento de Iruña-Veleia, a las afueras de Vitoria. Identificado gracias a fotografías aéreas históricas y modernas, cartografía LiDAR e imágenes obtenidas mediante vuelos de dron, se trata de un recinto más pequeño —280 metros de longitud por 72 m de anchura— que habría acogido a alrededor de 5.000 espectadores. A la espera de prospecciones y sondeos que confirmen la naturaleza de los vestigios, sería el tercer ejemplo de este tipo de construcciones documentado en el norte de la Península Ibérica.

Las carreras de carros fueron el más grande de los espectáculos romanos, por delante de las luchas de gladiadores. No eran un deporte, sino un elemento de consumo diseñado para el disfrute de las masas y ejecutado por profesionales encuadrados en cuatro colores o facciones. Además, su organización y financiación se consideraba desde época republicana un aspecto clave en la relación entre el pueblo y los diversos poderes, desde los magistrados a los emperadores.

Si bien el epicentro de las carreras de carros fue el Circo Máximo de la Ciudad Eterna, que llegó a acoger a más de un cuarto de millón de personas en su época más monumental, el espectáculo ecuestre comenzó a provincializarse a medida que Roma se convertía en la gran potencia de la Antigüedad. En Hispania existen evidencias arqueológicas y epigráficas sobre la existencia de una veintena de espacios circenses, erigidos entre los siglos I y III d.C. y situados en su mayoría en las zonas más romanizadas: la Bética, el litoral mediterráneo y el valle del Ebro.

Recreación hipotética del circo de Segóbriga



 

Vestigio del circo de Toledo


"No extraña que la mayoría de recintos se encuentren en las zonas más aculturadas de la península, si bien no se puede descartar que hubiera más tanto en estas mismas áreas como en el interior, principalmente en las capitales de los conventos jurídicos, a pesar de la dificultad que entraña su identificación", explica David Álvarez Jiménez, doctor en Historia por la UCM, en su obra Panem et circenses (Alianza). "En Hispania hubo una gran afición por el circo, como se infiere por el elevadísimo número de recintos conocidos y de inscripciones relacionadas que se han conservado, la buena fama que tenían los caballos hispanos de competición y el hecho de que esta provincia sea la cuna de algunos de los más importante aurigas de la Antigüedad", como el lusitano Cayo Apuleyo Diocles, vencedor de 1.462 carreras de las 4.257 en las que participó.

Aunque fueron más pequeños en tamaño que los circos de las grandes urbes como Roma, Constantinopla, Cartago o Alejandría, miles de hispanos de todas las comarcas y provincias disfrutaron con unos juegos circenses más baratos en localidades como Mérida —el recinto, el mejor conservado de la Península Ibérica, se construyó en las primeras décadas del siglo I d.C. y medía 403 metros de largo por 96,5 metros de largo, sin contar el graderío, con unas 30.000 plazas de capacidad— o Tarragona —erigido a finales de la misma centuria como parte del conjunto forense y que con unas dimensiones de 325x115 metros dio cabida a unos 23.000 espectadores—.

De finales del siglo I d.C. también es el circo de Toledo, cuyos restos se encuentran muy arrasados: tenía un eje mayor de aproximadamente 408 metros y otro transversal de 86 m. Desde el punto de vista arqueológico se conocen unos pocos vestigios de otros recintos similares de época altoimperial en Córdoba, amortizado de forma misteriosa en el último cuarto del siglo II, o Calahorra, habilitado para cerca de 10.000 personas.

Según explica Diego Romero Vera, profesor de la Universidad de Sevilla, en un estudio sobre los edificios de espectáculos en la Hispania romana, el momento de mayor popularidad de las carreras de carros tuvo lugar en el siglo II, bajo la dinastía antonina. En esta época se construyeron circos en localidades con relativa bonanza económica, una demografía pujante y vigor urbano como Lisboa, del que se han documentado un puñado de vestigios, Balsa (Luz de Tavira, Portugal), conocido a partir de fuentes epigráficas; Miróbriga (Santiago do Cacém), con un graderío hecho posiblemente de madera; Segóbriga (Cuenca), con una pista de 400 metros de longitud pero que nunca se llegó a terminar; Sagunto y Valencia. 

Estas dos últimas poblaciones, separadas por 24 kilómetros, es probable que rivalizasen en el proyecto constructivo de gran calibre: si el de Valencia puso sus primeras piedras antes, el de Sagunto pudo tener unas dimensiones algo superiores. Otros indicios de circos hispanos se han identificado en Cástulo (Linares, Jaén), Singilia Barba (Antequera), Carteia (San Roque, Cádiz), Carmona (Sevilla), que alcanzaría los 290 metros de longitud aprovechándose de la orografía de la zona, aunque su documentación ha sido sido muy parcial y se desconoce la cronología; Consabura (Consuegra, Toledo), Laminium (Alhambra, Ciudad Real), cuyos restos se encuentran bajo una carretera; o Astigi (Écija), donde había una gran tradición por las carreras de carros como demuestra el hallazgo de una tablilla de maldición dirigida contra las facciones roja y azul.

Estos entretenimientos públicos eran financiados por los magistrados, los colegios sacerdotales y los ricos prohombres de las localidades con ocasión de acontecimientos particulares o festividades establecidas para agasajar al pueblo. Eran además un espacio de profunda significación social, como refleja, por ejemplo, la división de las grades entre los diversos órdenes sociales. Pero como los edificios de piedra eran excesivamente costosos, las carreras se organizaron en algunos lugares en recintos más temporales, como pistas de tierra o en circos dotados de graderíos de madera. Según los investigadores, la epigrafía atestigua la organización de ludi circenses en cuarenta localidades hispanas. ¿Se descubrirá alguno más?”