Artículo de Darío Menor, publicado en el diario “El Correo”
el 30 de setiembre de 2026.
“A pesar de lo que dice el tópico, en la antigüedad todos
los caminos no llevaban a Roma. De hecho, la Ciudad Eterna ni siquiera era la
urbe mejor conectada del Imperio Romano; ese honor le correspondía a Bizancio,
la actual Estambul. Esa es la conclusión más sorprendente del reciente estudio
realizado por un grupo internacional de expertos que ha analizado los alrededor
de 300.000 kilómetros por los que se extendía la red de calzadas romanas,
suficientes para darle siete veces y media la vuelta al planeta por el ecuador.
Otro mito con el que acaba la investigación, publicada por la revista
científica 'Nature Communications', es el de que las carreteras que utilizaban
los antiguos legionarios eran casi siempre rectas. Lo cierto es que, al igual
que en la actualidad, a los responsables de las obras les tocaba llegar a un
compromiso entre la orografía, el presupuesto y el interés de los gobernantes
por cada calzada, por lo que en muchos lugares abundaban las curvas y los
desniveles.
«Las calzadas romanas se fueron construyendo poco a poco,
conforme se iban conquistando las nuevas provincias. No se trata de una red que
se diseñara en un único momento, sino a lo largo de los siglos. Por eso todos
los caminos no llevaban a Roma, aunque sí se podía llegar a Roma desde
cualquier lugar del imperio», explica Pau de Soto, profesor de la Universidad
Autónoma de Barcelona y uno de los autores del estudio. Esta investigación nace
de la labor previa con la que los expertos consiguieron crear el mayor y más
detallado 'mapa de carreteras' del Imperio Romano conocido hasta la fecha.
«Primero estuvimos recopilando todos los datos que había y que estaban muy
fragmentados. Fuimos así juntando las piezas de un rompecabezas para al final
ver la imagen de toda la red de casi 300.000 kilómetros de vías romanas»,
cuenta De Soto. Esta información, que puede ser consultada libremente en una
página web (itiner-e.org), es la que les ha permitido desgranar ahora la madeja
que formaban las calzadas de hace dos milenios.
Entre las «sorpresas» que han encontrado destaca el hecho de
que Bizancio fuera la urbe mejor enlazada con la red de calzadas, entre las que
había una gran diversidad en sus formas y construcción. «Se debe a que estaba
en un lugar muy estratégico desde el que se controlaban todas las rutas que
iban de Europa hacia África y Oriente. Por eso fue tan importante y acabó
convirtiéndose en una de las capitales del imperio, conociéndose entonces como
Constantinopla. Roma era el centro del poder, pero no estaba en el centro de la
red de comunicaciones, donde sí estaba Bizancio, que gracias a esa posición tan
privilegiada acabó convirtiéndose igualmente en un centro de gobierno».
Otra de las «paradojas» descubiertas gracias al estudio es
que Mérida contaba entonces con una mejor red de comunicaciones que en la
actualidad. «Era la capital de la Lusitania, por lo que estaba muy bien
conectada. A los extremeños les iba mejor hace dos milenios que en nuestros
tiempos», cuenta con sorna el profesor De Soto, que explica el motivo que
llevaba a los romanos a construir solo algunas calzadas rectas, a diferencia de
como se creía popularmente. «Dependía del interés político y del presupuesto.
En los Alpes, por ejemplo, los romanos tenían un gran interés en que las vías
fueran rectas y con las menores curvas posibles, por lo que no escatimaron en
cavar túneles, levantar puentes o hacer lo que fuera necesario. Eran clave para
comunicar la Península Itálica con las otras provincias. Pero en regiones más
periféricas, como en el Sistema Cantábrico o en el Atlas, el interés era
menor y por eso los caminos tenían mucha más pendiente».
Las antiguas calzadas romanas, que marcaron un trazado
seguido hoy en parte por muchas de las grandes vías de comunicación en todo el
Mediterráneo, se construyeron en principio con un «objetivo militar», pero
acabaron siendo las arterias de aquella civilización a la que tanto debemos hoy
en día. «Ninguna sociedad ha hecho lo que hicieron los romanos. Comunicaron
tres continentes distintos consiguiendo conectar todas las regiones que
dominaban», concluye el experto de la Universidad Autónoma de Barcelona.”
Al hilo de esta información recomiendo el siguiente libro que compre en mi última visita al m+Museo Arqueológico Nacional, en Madrid;


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